No recuerdo haber llorado tanto en público. Trataba de ocultar mis lágrimas bajo unos lentes oscuros. Mi reflejo en el cristal de las puertas del metro lo hacía mucho más dramático. Nadie necesita lentes oscuros en el metro. Bajaba la cabeza tratando de ocultar mi tristeza pero me sentía mucho peor. Cuando ví una gota producto de mi drama en el suelo del metro pensé que debía dejar de llorar o parecería que me estaba haciendo pipí. Simplemente no podía parar. Era incontenible. Lloraba porque sabía lo que había hecho.
Todavía no logro entender por qué un hombre decide rechazar a una fémina dispuesta a darle el mayor placer de su vida. Mi inscipiente relación amorosa con Charles fue precipitada por unas chelas y ganas de ser amada. Sus besos fueron deliciosos tanto que la apuesta de amor aumentaba conforme me atascaba de su sabor. Por supuesto que cuando aceptas condiciones como la de no quiero relación y nos vemos cuando yo quiera; ya está jodido de inicio. Okey, no es el hombre más guapo del planeta pero es lo que tengo a la mano. Trataba de pasarme la película y ponerle pausa en el momento en el que acepté.
Creo que lo peor de todo es que lo veo a diario. Trabajo, como, rio y sueño con él. He pensado tanto en qué hacer de ahora en adelante. Si podré superar el desprecio y ser un robot. En un arranque de coraje borré su número. No creo que él tenga la culpa, la responsable de todo fui yo. Me siento mal conmigo por permitir actos que me hacen sufrir. Todo parecer que llega el momento en que me saboteo una y otra vez.
El viernes ví a Obi y me pareció que me dolió lo suficiente como para poderme refugiar en el abrazo de otra persona. Quizá el mar de lágrimas no fue ocasionado por que Charles me hubiera bateado sino lloré por mi fallida vida amorosa. Extrañamente había pensado tanto en él que lo invoqué. Me pudo y bastante verlo con una chica que a simple vista era de lo más normal. El se veía sereno y trataba de agradarla. Estaba sentado platicando cuando apareció ante mis ojos. Simplemente no lo pude controlar.
Cual oleada llegó el recuerdo de la última vez que hablé con él por teléfono. Lo mal que acabó eso. Por supuesto se sorprendió cuando lo fui a saludar. Casi que no pudo reaccionar. Cual le di la espalda y marché sentí que ya lo había dejado atrás y que no había dolido tanto como yo pensé que podría serlo, sin embargo mis lentes oscuros empañados y mis sollozos en silencio con gente a mi alrededor, sólo comprobo que ese llanto se lo dedique por la vida que jamás tendremos.